SE HABLA DE TODO Y DE NADA.

La Apología del Guatero

- Si es un pecado, soy un pecador y estaré condenado para siempre.

- Pero te juro que no te entiendo. Teniendo toda la comodidad en tus manos, o mejor dicho, en tu cama y aún así sigues usándolo.

- Bueno, quizás soy un romántico, pero mi guatero no lo cambio por nada.

- Los escaldasono son mucho mejor. Calientan rotodita la cama, además sólo tienes que apretar un botón y listo.

- Pero ¿puedes abrazar un escaldasono, o ponértelo en la guatita?... No pues mijo, usted no puede hacer esas cosas.

- Aún así, prefiero la seguridad de lo nuevo. Además me calientan la camita antes de irme a acostar.

- A parte de calentar la cama, un guatero te calienta la ropa. Dime si no hay nada más rico que ponerte el pijama calientito.

- Mmm… quizás, pero no me convences. Me quedo con el escaldasono.

- Haz lo que quieras, lo que es yo, fiel a mi guatero. Desde niño lo he usado. Recuerdo que el primero que tuve tenía forma de pie… esas cosas no se olvidan. Le echaba el agua hirviendo y ni reclamaba y cuando en la mañana amanecía, estaba helado, como si hubiera muerto… como si me hubiera traspasado su alma durante la noche para que yo no tiritara con la lluvia y la escarcha de afuera. Yo, como mi guatero, hasta la muerte.

- Qué anticuado…

- ¡Qué sin respeto!

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