
Lo que más eschuché en este mes que se va. Altamente influenciado por el señor Chuck Berry y su rock and roll music.
SE HABLA DE TODO Y DE NADA.

Hace diez años atrás veía como un zurdo de pelo largo sin modales le ganaba a un pelado bueno para el tenis, a una leyenda viva del deporte. Como olvidar esa tarde del 29 de marzo de 1998, como olvidar esa semana completa, la que empezó el domingo a eso de las 9 de la noche con el comentario de Julito “Conehead” Martínez que anunciaba el posible reinato del Chino Ríos, si es que campeonaba en Key Biscayne. El trascurso del torneo fue desgastante, se percibía una tensión en el país, todos queríamos que un chileno se alzara por primera vez como el mejor del mundo. Los rivales fueron cayendo uno a uno hasta llegar a la final, que no podía ser frente a otro que el grande de Andre Agassi, mismo al cual después humillaría haciéndole un punto sentado. Se pensaba que perdía, que la final iba ser demasiado ajustada, pero que conseguir el Top One era bastante improbable. El día de la final no se hablaba de nada más que no fuera del Chino y fue de lo que se habló en toda la semana y todo el mes. En ese último punto que se le va larga la bola al calvo gringo explota todo una nación, unida por el irreverente jugador y simbolizada en la banderita que flameó en sus manos después de derrotar al monstruo. Después de eso, se inscribió en la historia. Pasarán quizás cuantos años más para volver a encontrar a un jugador de esa talla. Que importa que pololee con modelos o que mee a un desconocido en un baño público, si con lo que hizo tiene crédito para rato. Sin más que decir, ¡Grande Giocatore!, el mejor deportista chileno de todos los tiempos.

Ayer enterré mi mundo. Lo puse al lado del limón para en el futuro saber donde está. En él estaba todo, o todo lo que quiero enterrar. Antes de hacerlo busqué mis recuerdos preciados y los coloqué en la bolsa que hice con las cartas recibidas y no enviadas que alguna vez atesoré. Quizás con ellos pueda construir un nuevo mundo algún día. Cavé un hoyo toda la tarde. La tierra estaba más dura de lo normal, como si tuviera que pasar un calvario antes de deshacerme de toda esas cosas, transpiré hasta la última gota, la más gorda y espesa que jamás volveré a expulsar. Con todo el suelo suelto que me sobró haré un hornito de barro y dejaré que alguien me cocine tortillas o empanadas, o las dos al mismo tiempo. De entre las piedras que dejó el agujero salieron lombrices, hormigas, escarabajos y unos insectos que no conocí. Tal vez sabiendo que lo que venía a ocupar ese lugar era más importante que su vida misma, corrían a buscar refugio en otro sitio a conquistar otros sectores del patio trasero. De un momento a otro el lugar quedó vacío. Lo llené de agua para que tomara forma redonda y esperé a que filtrara y secara. Por mientras comencé a estudiar lo que tenía frente a mí, lo que en unos momentos más estaría bajo tierra. Había tantas cosas útiles que no había contemplado. Decidí arrancarlas. Con los árboles, plantas y flores me hice un jardín flotante enterrado en la entrada de la casa, adorné mi pieza y aromaticé cada habitación. Con las arenas del desierto y las rocas de las montañas construí un cuarto para guardar mis libros y papeles, y no tener que quemarlos cada vez que sobrepasaban el límite. Con el agua del mar regué mi nuevo jardín y con la sal sobrante moldeé esculturas de cristal que se deforman por las noches, se reconstruyen por las mañanas y pasean al mediodía buscando más utilidad que la de estar simplemente adornando mi fachada.
Cuando finalmente secó, sostuve al antiguo mundo en mis manos por última vez sabiendo que quizás no fuera la última. Con parsimonioso paso caminé hacia la excavación y supe por fin que era lo mejor. Bajé lentamente, acercándome al hoyo hecho con mi sudor y mi cansancio. Deposité mis olvidos en ese lugar pensando en lo que vendría mañana. Con un sentimiento de nostalgia profunda comencé a cubrir las evidencias, y por consiguiente mi nuevo camino partía en ese preciso instante. Lo dejé así, a medio tapar, para que si algún día tenga que sacarlo a la luz nuevamente no me cueste tanto esfuerzo ni dolor.
Ayer enterré mi mundo. Lo puse al lado del limón para en el futuro saber donde está. En él estaba todo, o todo lo que quiero enterrar. En él estaba todo lo que querré desenterrar.





Casablanca
La Novia de Frankenstein (Bride Of Frankenstein)
De todos los seres mitológicos existentes en el mundo, ninguno es tan desconcertante como aquel que habita en las altas montañas de Sudamérica y atemoriza a los visitantes del lugar de veraneo por excelencia en la comuna de Molina, el Mono Pájaro. Este engendro tiene su hogar en la cordillera de citada comuna, en la localidad de Parque Inglés y dedica a convertir el viaje de los pasajeros del lugar en un verdadero tormento, apareciéndose por las noches e interrumpiendo las fogatas y los sueños de los veraneantes. Su aspecto es casi desconocido, pero su particular grito hace posible inducir la presencia de un mandril de gran tamaño, aunque su velocidad y capacidad de subir a las copas de los árboles en sólo segundos nos permiten aventurar su forma alada.Gente que ha logrado un encuentro frente a frente con animal lo ha descrito como un mono de color gris, con grandes alas y unas garras afiladas. Además agregan que su particular grito puede llegar a hipnotizarte y llevarte a la perdición en uno de los tantos acantilados que existen en el sector, sirviendo luego como alimento para esta bestia indomable. Sin embargo, los más escépticos como Don José, un habitante de la localidad, aseguran que “Esa wea es un aguilucho no más”. Otros en cambio afirman que se trata del mítico Chupacabras, es así como la señora Julia Dora de la Concha Rojas dice “Una vez me chupó una…. una cabra”.
A pesar de variados intentos de capturar al monstruo y donar su cuerpo para el estudio científico, nunca se ha podido apresar al atemorizante demonio. Debido a esto, muchas versiones han surgido a cerca de su proveniencia. A continuación se expondrán las principales teorías del origen de la leyenda:

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