Hubo un tiempo en que comenzaba a descubrir mi cuerpo, mi voz jugaba malas pasadas en momentos importantes, encontraba todo malo menos lo que pensaba yo y mi cara tendía a dar vida a granos indeseados. Después supe que todo se debía a una revolución hormonal que viven todas las personas sin excepción y que esto hace que choques contra el mundo y te creas el mejor porque estás creciendo y quieres ser un hombre ya, aunque súbitamente que estás atrapado en un cuerpo de niño, de niño en cambio. Todo esto parecía normal. Si es que ves a un sujeto en adolescencia plena esperas encontrar algo así. Sin embargo las cosas ya no son así.
Parece que las revolucionaras hormonas vienen cada vez más conflictivas y creativas. Los niños-jóvenes de hoy creen que todo es diversión, que bailar es una obligación, que sus looks son lindos cuando en realidad dan escalofríos y que agarrarse a besos con el o la primera que pase en frente es normal. Han sobrepasado los límites a los que mi generación y las generaciones anteriores estábamos acostumbrados y de cierta forma nos escandalizan. La cultura del “libertinaje” ha hecho que estos niñitos se preocupen más de sus peinados y sus fotologs que rendir en la escuela o proyectarse hacia el futuro. De todas formas se me hace divertido, de una más penosa ver como intentan diferenciarse de sus pares mediante las ropas, pelos y accesorios manteniendo un “especial cuidado” a como lucen sus estilos, llegando al extremo y cayendo finalmente en el ridículo, pareciendo que todos salen de una película de terror gore de bajo presupuesto.
Si bien siempre los jóvenes han tratado de enfrentar a los más adultos mediante modas y movimientos, este último fenómeno de las tribus urbanas carece de sentido. Recordando otras tendencias como los hippies y los punks se ve en ellas existencia de ideales de lucha y razones aceptables y comprensibles que justifican en cierta forma sus movimientos. Sin embargo, ahora, aparte de vacilar todo el día, poncear, peinarse, perder el tiempo en las esquinas e ir a la disco, no existe algo que justifique de manera cabal las opciones de estos niños. Estoy seguro que si alguien consulta a uno de estos exponentes porque es parte de una determinada tribu urbana, éste le contestará “porque es bakán”.
A continuación unas cuantas diferencias que he encontrado con respecto a mi edad del pavo en comparación con esta invasión alienígena:
Antes: Veía monitos en la tele. Uno que otro japonés como Dragon Ball.
Ahora: Se creen monos japoneses, se visten y hablan como ellos.
Antes: Discos peques.
Ahora: Discos en la tarde con bailes para grandes.
Antes: El peinado de moda era el pelela.
Ahora: Cada uno se peina como quiere, mientras más
pavo real mejor.
Antes: Se escuchaba a los Backstreet Boys, N'Sync y a las Spice Girls.
Ahora: Puro reggeton.
Antes: El que no jugaba a la pelota era mariquita.
Ahora: Los emos son los mariquitas.
Antes: Bailábamos coreografías de axé.
Ahora: Bailes eróticos con restregones de cuerpo.
Antes: Los pokemones eran unos monitos de la tele.
Ahora: Los pokemones son puros weones.
Antes: Las planchas eran para la ropa.
Ahora: Las planchas son para el pelo.
Antes: El espacio televisivo era el
Show de los Tigritos.
Ahora: Eva, Buenos Días a Todos, Yingo, etc…
Antes: Sólo las niñas se pintaban y de vez en cuando.
Ahora: Todos se pintan.
Antes: Éramos todos parecidos.
Ahora: Existen tribus urbanas.
Antes: Teníamos que pasar de curso para cobrar el Nintendo a fin de año.
Ahora: El que quiere pasa de curso, no hay obligaciones.
Antes: Jugábamos a la mamá y al papá o al doctor.
Ahora: Poncean.