SE HABLA DE TODO Y DE NADA.

Ranking Top 001: Los juegos violentos de cuando era niño

- Top, top, top, top, top, top, top, top ….
- ¡¿Qué te pasa Policarlos?!
- Me pasa cada vez que me acuerdo de los juegos violentos que practicaba cuando era niño, Tulio.

Cuando uno es niño juega a cualquier y con cualquier cosa, sólo basta un poco de imaginación y listo, todo puede pasar. Sin embargo, cuando se trata de juegos en los que participa más de un jugador, los deportes pueden tornarse un tanto violentos (para el que pierde, obvio), pero a la vez divertidos y sin perder ese grado de originalidad que tienen los pendejos en sus creaciones para entretenerse. En tiempos en que lo que domina son los juegos de video, el celular, la tele, el chat, etc., los más chicos han perdido un tanto el contacto físico que se tenía en mi época de niñez y lo han permutado por la comodidad. He aquí un ranking de los juegos extreme violentos que solían ser la sensación en mis recreos de colegio cuando era chico y no tan chico también. En ellos no había sangre, pero si moretones y hematomas (en el fondo sí había sangre). Espero que alguien recuerde estas joyitas de deportes violentos criollos infantiles y ojalá revivan luego porque a estos niñitos de hoy les falta harta movilidad.

5.- El Sooooo
Estuvo de moda en tiempo en el Mekano (QEPD). Consiste en una persecución realizada por una persona, la cual, mientras corre tratando de capturar a otro participante debe gritar la palabra so (ridículo). Si logra capturar a alguien antes de que se le acabe el aliento, el pillado debe repetir el mismo acto. En caso contrario, es decir, si al que grita se le acaba el aire, este debe salir apretando cachete hasta una base donde se refugia de las patadas que de seguro le lloverán en su travesía de escape. El premio es librarte de la salsa de golpes que te podrían llegar.

4.- Mano en los Bolsillos
Muy simple, si te pillaban con las manos dentro de algún bolsillo, te levantaban de una patá en la raja. A veces difícil de recordar y sólo te debas cuenta que te encontrabas jugando porque te sorprendían con un “¡mano en los bolsillos!”, el grito de guerra en el momento de impactar el glúteo rival. Para terminar de jugar, tenías que descorcharte (¡mira la palabra weona!) con tus rivales.

3.- Los Pistoleros
Misma temática que las manitos calientes, pero para hombres. Una persona debe extender sus manos juntas, palma con palma. El otro debe tomar distancia y apegar sus 2 manos a la altura de los bolsillos del pantalón. Luego debe disparar, sacando de improviso una de las manos y tratando de golpear al oponente en las suyas. Si no logras golpear al adversario te toca colocar las manos y prepárate para el dolor. Después de un rato ya no quieres más guerra y las manos toman una desagradable tonalidad morada… uff!! Y como duele!!. No intentar jugar con los codos… de verdad.

2.- 25
Una de las tantas variantes del fútbol. Un solo arquero y muchos jugadores. Todos tratan de hacerle goles al pobre portero, pero si alguien la tira afuera o es quemado por el arquero, éste ocupará su lugar. Ningún participante puede tocar la pelota más de 1 vez, a no ser que sea en el aire (toques ilimitados) o se esté en el arco. Si esto último ocurre tendrá que colocarse bajo los palos o entre las mochilas, según sea el caso. Los goles tienen distintos valores, por ejemplo palomita vale 5 goles, chilena 25 (no recuerdo todos), y al final cuando se llega a completar los 25 el mártir que está en el arco debe correr toda la cancha o hasta donde se esté acordado para salvar sus nalgas de una horda de zapatillas (o zapatos de colegio) sedientas de boleos.

1.- La Pichanga Loca
El nombre ya lo dice todo. Una pelota (de trapo en lo posible), muchos jugadores y listo. No hay cancha, todo es cancha. No hay reglas, sólo tratar de golpear el balón al lugar que sea y si se cruza una pierna enemiga por ahí, mejor aún, a patearla, todo está permitido. Es como una versión todo vale del fútbol. Por lo general se terminan armando mochas, así que mejor no golpear a los que te puedan ganar a los combos.

Mención honrosa al hoyito patá y al caballito de bronce, clásicos juegos camboyanos eternos.

Atte. Policarlos Avendaño

Astronauta Frustrado

A lo largo de mi corta vida me han llamado de muchas formas, algunas obvias derivadas de ni nombre y otras debido a mi apariencia física. De estas últimas las más comunes tienen que ver con mi cara de niño chico, lo cual no me molesta para nada, me dan risa. Lo que verán a continuación es una lista de los apodos más simpáticos y recordados por mí. Aquí van, clasificados incluso:

Los que vienen de mi cara de guagua.

Cometín Sónico
Una persona que quería mucho (notar la tilde en la i) me dijo muchas veces así, pero claro, la única diferencia es el color de mi pelo, ya que por alguna razón no soy rubio. En un tiempo llegué a pensar que sólo me faltaba la gorra verde y estaba listo como doble del mono ese, y la verdad es que no me faltaba tanto.

Mechón
No me conviene cortarme el pelo los primeros días de clases, porque seguro que me confunden con un recién llegado a la universidad. Mi pana, Coni, me dice así cada vez que podo mi pelo un poco. Pero que va, si igual es divertido.

Harry Potter
No sé que me encontraron. Una vez, mientras viajaba a Santiago iba leyendo un libro (creo) y por supuesto llevaba puestos mis lentes que sólo uso para leer y ver tele. De repente siento un “mira se parece al Harry Potter” y yo levanté mi vista para ver al doble y descubro que unas niñas me estaban mirando y decían “sí, sí, es igual”. Ahí si que me dio risa. Ahh!! Y en la u jugamos algunas veces al Harry Potter, y yo hago del susodicho, claro, sin cicatriz ni poderes mágicos.

Y el resto.

Kluh
¿Qué significa kluh? Bien, si son un tanto listos se darán cuenta que al leerlo al revés dice Hulk. Eso, soy al revés del hombre increíble, o sea soy (o era) el hombre increíblemente débil. Me da risa este sobrenombre porque me lo puse yo sólo, aunque lo ocupaba con frecuencia la misma persona que me llamó Cometín. Pero a diferencia del monstruo, no soy verde ni me transformo cuando me enojo, pero sí doy miedo.

Michael Scofield
Bueno, una de las tantas veces que he rapado mi cabellera, un muy buen amigo me comentó que tenía un aire al protagonista de Prison Break. No sé, no creo, debe haber sido sólo la pelada, pero me gustó mucho porque me creía el personaje más inteligente de las series gringas. Ahh!! y no me hice ningún tatuaje, no llegó a tanto el parecido.

Poochie
Si recuerdan un capítulo de Los Simpsons en que Tomy y Daly tenían un nuevo amigo, un perro al que Homero le daba su voz, entonces saben de quien hablo. Un día tuve la gran idea de ponerme un jockey hacia atrás y… ¡tate! cooperé con sobrenombre. Fue sólo para los scouts eso sí, pero ahora lo comparto.

Kaká
Este si que es bueno. Estaba en la oficina (en mi práctica profesional), cuando uno de los hombres que trabajan ahí le comenta a otro:

- Oye, este niño tiene un aire a Kaká.

- Sí verdad, tiene un aire.

- ¿Oye Carlitos y juegas igual a Kaká o no? - me pregunta el primero.

- No, yo juego como caca – le respondo y nos reímos todos.

Es un halago que te comparen con el mejor jugador de fútbol del mundo el año 007, aunque sea un aire pequeño.



BubbleShare: Share photos - Play some Online Games.


Bonus track.

Astronauta Frustrado
Cuando leí lo que me habían escrito en un mail, me dio tanta risa que tengo que tomarlo en consideración aunque quizás no cuente como uno. Después de contarle mis aventuras en la planta de Teniente, el lugar donde estoy haciendo mi práctica, una niña me dijo que con tantas cosas que tenía que usar de implementos de seguridad (overol, casco, guantes, antiparras, respirador, zapatos de seguridad, etc.) me imaginaba como a un astronauta frustrado, y la verdad es que pareciera que es así, sólo falta esa especie de escafandra que ocupan los hombres del espacio, y por supuesto, el espacio (por algo es frustrado). Una especie de Buzz Lightyear.

Pocoyó
Ok, nadie me ha dicho así nunca, pero yo quiero ser Pocoyó. La única vez que lo vi en Discovery Kids, quedé más prendido que ocho. Son los mejores dibujos animados del último tiempo (según yo) y con sólo un capítulo desplazó del sitial privilegiado que tenía a Sportacus en mis gustos infantiles de esta época. Me encanta como habla, como se mueve, como pone los ojos, sus amigos, su gorrito y su forma. Quiero ser Pocoyó, quiero ser niño otra vez, aunque parezco uno ya.

Esa fue mi selección súper duper especial de apodos que la gente me ha dicho alguna vez. Quizás alguien debiera decirme Highlander (o Lowlander en mi caso), porque no envejezco nunca. El otro día encontré una foto de cuando estaba en el colegio, segundo medio más o menos, y estoy igualito, quizás tengo el secreto de la juventud eterna o tal vez no es nada tan especial, pero la cosa es que soy una foto.

Micro Organismos

Me despierto con el insoportable ruido que hacen las alarmas de los celulares. Si no fueran así de desagradables no se hasta que hora seguiría durmiendo. Mis ojos pesan y arden, todo a causa del sueño. Me quedo un instante tirado sobre el colchón, pero por debajo de las sábanas. Me siento un tanto cansado, tan cansado como aquellas veces en que me toca acarrear bolsos que no dan más de llenos y esas mochilas casi tan grandes como yo. Pienso en las cosas en que podría estar haciendo. Por ejemplo podría estar trotando como lo hacía en el verano, no era tan difícil despegarse de la cama y salir a mover los pies. Trotaba con la compañía de los Beach Boys, así me imaginaba que estaba corriendo al lado de la playa y no sobre una calle de maicillo en una alameda lo suficientemente larga para que cuando acabases de trotar el sol te alcanzara de pleno. En esa misma alameda durante el año se ubican distintas ferias costumbristas. Yo voy a todas o por lo menos a las que más puedo, me gustan mucho, aunque siempre se encuentran casi las mismas cosas, chalecos ecuatorianos, ponchos bolivianos, espuelas, mantas, chocolates, las piedras preciosas que se suelen vender, ónix, cuarzo, lapislázuli, y por supuesto el típico puesto con yerbas milagrosas que curan la enfermedad que te imagines y el local que tiene todos los posters de grupos rockeros, metaleros, Bob Marley, Víctor Jara, ect.

Recién han pasado cinco minutos desde que desperté. 10 es mi límite. Una vez caminando por Providencia me topé con Eduardo Peralta, iba junto a Felo, el humorista más serio del mundo. No era la primera vez que veía a Felo, pero si a Eduardo. Fui hacia él y le dije que escuchaba sus canciones. Me miró con cara extrañada como diciendo “no puede ser, tú no tienes cara de intelectual”. Sin embargo le mostré que estaba escuchando en ese mismo momento la versión traducida que hizo él de El Cordero de Panurgo de George Brassens. Yo quería una foto, pero no tenía cámara para sacarme una en ese instante. Después pensé en un autógrafo:
- Me da un autógrafo – le dije con un tono bastante groupie intelectualoide.
- No tengo lápiz. ¿Tú tienes?
- No tengo lápiz – dije un tanto decepcionado - ¿Qué tal un apretón de manos?
- Bien. Perfecto.
Luego me fui contento. Una firma en un papel quizás se pueda perder en una botada de basura, en cambio un saludo así queda. De hecho ahora me estoy acordando de eso. Quedó para siempre, por lo menos hasta ahora.

“Voy a revisar mi correo”, pienso. “No tengo internet”, me contesto. Hoy día mismo voy y pido que me coloquen la cuestión. No puedo seguir así tan desconectado de todo. Me acuerdo que cuando tenía internet bajaba canciones como malo de la cabeza. Todas las canciones que bajaba me gustaban mucho, obvio.


Siempre he soñado con despertar y que una voz femenina me cante Good Morning de la película Singin’ in the Rain en el momento preciso que abra mis ojos. ¡¡Mierda!!. Doce minutos desde que desperté. Laguna mental. Salgo a la calle a esperar la locomoción. Desde que me levanté de la cama no recuerdo mucho. Sé que me he bañado porque tengo el pelo mojado, y que he desayunado porque mi guatita no reclama. Me lavé los dientes de eso estoy seguro, siempre lo hago, aunque después no recuerde nada.

No he esperado más allá de 5 minutos y ya viene el bus que me sirve. Después dicen que el sistema de transportes no funciona. La micro a la que me subo no es tan moderna como las que se pasean por las calles de Londres, pero tampoco tan penca como las que salen en las películas mexicanas. Paso mi tarjeta por el cobrador. El “bip” que me devuelve es como un buenos días, pero a la señora que viene detrás de mí la hace bajar. “Siempre tiene que andar con la tarjeta cargada pues señora”, pienso para mí. Me ubico en un asiento no muy cerca al conductor ni tan atrás tampoco. Voy solo, sin compañía al lado mío. Apoyo mi cabeza en el vidrio. Como las calles están un poco a mal traer, mi cabeza rebota contra la ventana y me dan cosquillas en la testa. En mi ciudad natal no hay tantas micros como las que se ven acá, pero en Santiago no hay tantos colectivos como en Curicó, proporcionalmente claro.

Providencia. Pasan autos cada vez más pintosos. Nada que ver con los que uno ve más abajo. Un Jaguar, un Mercedes y un Porche. ¡¿Qué tal?! La micro pasa por el lado de una iglesia y me persigno. Si bien tengo dudas en cosas que plantea la institución religiosa, todavía sigo cumpliendo con algunos de sus ritos. Soy como un senador díscolo de la religión. El armatoste hace una parada en una esquina y la aborda un hombre ya veterano con una guitarra en la mano. “A estas horas de la mañana y trabajando. Le debe gustar mucho su pega, o no le debe gustar tanto su señora”. Comienza su concierto con Father and Son de Cat Stevens en un inglés un tanto improvisado, y claro, en un ritmo digno de una máquina corredora como en la que se encontraba cantando. "A falta de Good Morning.... bienvenido sea". Me sorprende que no pierda el ritmo de la canción a pesar de que la micro se mueve como si estuviera en una tormenta en medio del océano. Pero sigue estoico. Continúa con Feliz Navidad, claramente está un tanto extraviado porque eso fue como hace dos meses atrás, quizás le falle el coco o el reloj interno. “Feliz navidad, feliz navidad, feliz navidad, prospero año y felicidad…. Everybody!!”. ¡¡No puede ser!! Un show de primera y por casi 400 pesos. Y después dicen que el sistema de transporte no funciona. Después el hombrecito pide una colaboración, pero no aporto. Me hubiera gustado un repertorio más extenso, soy exigente.

En el asiento de enfrente va un joven rubio, pero bastante rubio. Seguro que es gringo. Los rubios platinados en Chile no andan en micros, en cambio los gringos se suben en lo que pillen porque creen que es pintoresco. Afortunadamente se perdió el recital del viejito de la guitarra, no porque fuera malo, sino todo lo contrario. Seguro que el gringo ese le hubiera sacado fotos y le habría robado de su tiempo al pobre cantante. La máquina corre más rápido que el Jaguar que ví hace ya un rato. Pareciera que voy a llegar antes de lo esperado. Un teléfono suena y es polifónico, de hecho es una canción la que suena. El rubio contesta con un “aló” demasiado extraño. Definitivamente era gringo. Mientras pienso en que hace ese compadre acá, se sube una niña muy bonita. Se acerca hacia donde estoy yo y me percato de que el asiento junto a mí ya no estará más ocupado.
- Me puedes decir la hora – me dice ella un tanto preocupada y cesante.
- La hora – le contesto y sonrió de inmediato dando a entender que le trato de tomar el pelo.
- ¿…?
Claramente mi jugarreta no resulta.
- Un cuarto para las 8 – le contesto.
- Es que voy un tanto atrasada y ando corriendo de allá para acá.
- Es mejor no correr tanto. Cuando se hacen las cosas con calma se cometen menos errores. Calidad sobre rapidez.
Después de eso ya no hay más charla. Parece que está más preocupada de otras cosas y no tomó en cuenta la frase para el bronce que le acabo de vomitar en sus oídos.
- Permiso, me bajo aquí – le dijo al tiempo que me comienzo a parar.
- Sí, pasa no más. Y gracias por lo que me dijiste. Lo voy a tener en cuenta.
- Bueno, algo productivo que tenga mi día, ¿no?
- Sí, creo que hiciste algo productivo. Chaíto, que estés bien.
- Chao. La micro me deja a 3 cuadras del lugar en que trabajo, casi al lado. Y después dicen que el sistema de transporte no funciona.


Camino relajado, voy bien en el tiempo, seguro que a mediados de año estaré por estas mismas calles caminando apurado para llegar a la hora, pero todavía no. Miro hacia el suelo y me encuentro 10 luquitas. No puede ser mejor. Ojalá todo el día sea así.

Ringo SuperStarr

Richard Starkey, o Ringo Starr como se hace llamar, sorprende al mundo en el comienzo de este 2008 con la salida de su nuevo álbum de estudio, Liverpool 8. Él mismo describió a este nuevo disco como uno de sus trabajos más personales. Entonces era de esperar que el nuevo lanzamiento del batero de los Beatles fuera una bomba. Y es una bomba, pero no cualquiera, sino que una de hidrógeno, de esas que son capaces de volarte la cabeza, los oídos y el mundo a tu alrededor. Que mejor manera de empezar el año con una sorpresa así, con un disco de esta factura.


Liverpool 8, es el nombre elegido y también es el nombre del primer single. Este habla sobre la vida de Ringo en la ciudad inglesa y como buen tema de él también recuerda a sus viejos colegas y amigos George, Paul y John. El disco presenta además canciones tan potentes que se justifica la espera de los fanáticos del más encachado de los Fab Four. Como era de esperar, y siendo fiel a su pasado, encontramos canciones de amor como For Love, If It’s Love What You Want y Love Is, las cuales demuestran que con 67 años se puede estar totalmente vigente. Give It A Try presenta un mensaje que a muchos les debería llegar, amar y agradecer lo que uno tiene y a los que tiene a su lado. Hay una melodía en el disco que podría estar silbando hasta que me aburra, Harry’s song es quizás la más pegajosa de todas las nuevas creaciones del verdadero señor de los anillos.

El disco fue realizado en colaboración con Dave Stewart (Eurythmics) y lanzado en formato de pulsera USB (que cool!!), pero tendrá su forma de anillos concéntricos (cd) en unos días más. Todo lo que pueda seguir diciendo es poco. Por lo cual recomiendo que se consigan el álbum y vayan a escucharlo porque Liverpool 8 es una pieza maestra, un regreso total.

Para muestra, una papita caliente: Liverpool 8.


Clicky Web Analytics